31 jul 2011

París II (Spain is different)

Miércoles 15 de Junio.
· 13:30
En las manos dos maletas llenas de ilusiones en tamaño cabina, el coche de mi padre que amablemente nos había dejado en el aeropuerto se aleja. Solos ante el peligro. Pasamos el control en unos minutos, para variar Él tuvo problemas (y es que el polvo de hadas enciende las alarmas de los arcos de seguridad, y también su cinturón...) una vez zanjados y de nuevo con todas las ilusiones encima y el teléfono en las manos despidiendo a los seres amados tomamos rumbo a la cafetería, donde, ¡Bienvenido a Barajas!, puedes encontrar una pieza de fruta por el módico precio de 2,50€, ahí entre los nervios y las prisas nos esperaba el primer percance, cuando me di cuenta de que mi maleta no estaba en mi mano y mis ilusiones iban a desvanecerse bien pronto, concretamente antes de empezar. No alcanzaba a pronunciar dos palabras seguidas con el tembleque de rodillas que me invadía cuando una mujer pronunció las palabras mágicas ''¿Es esta tu maleta?''.
· 15:00
Todo lo indispensable estaba hecho, incluso no quedaban Tax Free donde no hubieramos hurgado hasta la saciedad. Unas fotos, unas llamadas, aburrimiento supino y una baraja de cartas "Made in Spain" con Manolete y toda su panda ilustrando a todo color nuestra sobremesa madrileña. Varias partidas después nos aproximamos a la cola de embarque.
· 17:00
Comenzamos a embarcar a las 16:30, veinte minutos después de lo previsto, a estas alturas el embarque ha cesado y comienzan a salir los que habían entrado. Incertidumbre da paso a un anuncio por parte de la compañía de que el vuelo ha sido cancelado por un problema técnico y despegará en un plazo de tres horas. Estupendo, tenemos más hambre que el Tamagochi de un sordo y comenzamos a deambular, pensando en como afectará a nuestra triste economía permitirnos un bocadillo.
· 19:30
Doce euros, cinco partidas de cartas, dos solitarios, varias llamadas y un poco menos de hambre después nos encontramos sentados en la cafetería del aeropuerto, mientras recojo con el dedo las migas de mi colín relleno de chorizo. Él consigue un solitario mientras yo vigilo las maletas, después nos levantamos y buscamos la puerta de embarque, lo cual no alcanza el éxito hasta un rato después, después de haber paseado por toda la terminal y de haber buscado una manera de llamar al hotel para avisar en un idioma difícil de definir que no ibamos a llegar a la hora prevista.
· 20:10
Llevamos unos minutos en la nueva cola, la gente de alrededor protesta y por lo visto los del vuelo anterior se han amotinado por las cuatro horas de retraso a sus espaldas. A nosotros por lo visto aún nos queda otra. De pronto, a nuestro alrededor todos mascan con ganas unos sandwiches procedentes de unas bolsitas que llevan todos por igual, procedentes de la cafetería donde hemos donado, interesadamente, parte de nuestro hígado y el 75% de nuestros riñones, pero claro, el contenido de la bolsita es gratis. Por amor propio y ajeno (a nuestros 12 euros) vamos a por nuestra bolsita.
· 21:00
Comienza el embarque, hay pasarela pero no avión y empezamos a sospechar que ryanair mantiene los costes bajos porque los aviones obtienen su combustible de los deshechos humanos de un pasaje elegido al azar al ser gaseados a traición en un embarque fingido.

Jueves, 16 de Junio.
· 00:15
Por fin sentados en el avión y tras las comprobacíones de turno despegamos. Un saludo, unas indicaciones, un carrito de refrescos, un catálogo de Tax Free, un carrito de regalos Tax Free, varias turbulencias, un sorteo moralizador y un aterrizaje brusco donde los haya más tarde... Estabamos en Beauvais.

(Continuará...)

París I (A kind of magic)

Primera mañana de Abril de 2011, a horas de lágrimas de una ruptura que no se han dedicado al estudio del exámen al que acabo de faltar, a miles de kilómetros de la última ciudad que me permitió olvidarle. Remoloneo en la web en busca de una mágica solución que me saque de mi idilio temporal y secreto con el dramatismo más patético y de pronto ahí suena, el revoloteo de las alas de Campanilla que me anuncia su llegada;
Felipe
acaba de iniciar sesión
.
Mi ratón se dirige con prisa a la ventana emergente, nos dedicamos las frases típicas de los últimos meses, a saber ''Así que ¿tu tampoco has ido no?'', ''¿Y el exámen? Otra para el saco...'', ''Si es que somos unos gordos...''.
No presto mayor atención a la conversación de cada mañana que continúa entre los recuerdos de mi última relación y los de mi última escala en el aeropuerto de Schiphol, Amsterdam, lo caro que es allí el chocolate y nuestros deseos de coger un pellizquito de billetes e irnos a la ciudad en la que el sudor se alquila por horas a pie de calle y a golpe de escaparate, a pillarnos la fumada padre y olvidarnos de nuestros nombres, de su nombre.
Abro una nueva ventana en mi explorador, tecleo ''ryanair'' en mi buscador y dejo que mis ojos sueñen con viajes imposibles. Amsterdam es el primer destino, no pinta mal, un poco caro, investiguemos un poco más. Roma, no, no puedo ir a Roma antes que a Grecia, es una ley no escrita, mejor pasamos a otra.
Entre tanto, mi portador de la bolsita de polvo de hadas me habla de su estancia en París cuando era más jóven, que no más pequeño porque él no sabe ser así. París... Las letras azules de Ryanair me llaman con su fondo amarillo chillón, clico y ocho letras me prometen un sueño que aún no imaginaba; PARIS (BVA) 19,99€ i/v.
Empieza la conversación.
Liz dice:
- ¡Tío, mira, París a veinte pavos, una semana!
Felipe dice:
- ¿Y los exámenes? Somos unos gordos...
Liz dice:
- Es en Junio... ¿Nos vamos de locura?
Felipe dice:
- La palabra ''selectividad''... ¿No te dice nada?
Liz dice:
- Sabes tan bien como yo que no vamos a ir...
Felipe dice:
- Además, una semana ¿con qué dinero?
Liz dice:
- Ida y vuelta, dormir en la calle es muy bohemio xD.
Felipe dice:
- Que no me líes...
Liz dice:
- No me hace falta... Venga, ¡es París!
Felipe dice:
- A ver... ¿A cuanto sale?
Liz dice:
- Espera que lo miro.
Clic a clic, las tasas, impuestos, impuestos por pagos con tarjeta y demás van terminando con nuestra loca idea, finalmente, los veinte euros se colocan en ciento diez. Por mi mente cruza una idea tan loca como improbable.
Liz dice:
- Regálamelo por mi cumple.
Felipe dice:
- Venga, dale.
Y más o menos con esas palabras comenzó nuestro viaje a la ciudad de los aros de humo...

(Continuará...)