· 13:30
En las manos dos maletas llenas de ilusiones en tamaño cabina, el coche de mi padre que amablemente nos había dejado en el aeropuerto se aleja. Solos ante el peligro. Pasamos el control en unos minutos, para variar Él tuvo problemas (y es que el polvo de hadas enciende las alarmas de los arcos de seguridad, y también su cinturón...) una vez zanjados y de nuevo con todas las ilusiones encima y el teléfono en las manos despidiendo a los seres amados tomamos rumbo a la cafetería, donde, ¡Bienvenido a Barajas!, puedes encontrar una pieza de fruta por el módico precio de 2,50€, ahí entre los nervios y las prisas nos esperaba el primer percance, cuando me di cuenta de que mi maleta no estaba en mi mano y mis ilusiones iban a desvanecerse bien pronto, concretamente antes de empezar. No alcanzaba a pronunciar dos palabras seguidas con el tembleque de rodillas que me invadía cuando una mujer pronunció las palabras mágicas ''¿Es esta tu maleta?''.
· 15:00
Todo lo indispensable estaba hecho, incluso no quedaban Tax Free donde no hubieramos hurgado hasta la saciedad. Unas fotos, unas llamadas, aburrimiento supino y una baraja de cartas "Made in Spain" con Manolete y toda su panda ilustrando a todo color nuestra sobremesa madrileña. Varias partidas después nos aproximamos a la cola de embarque.
· 17:00
Comenzamos a embarcar a las 16:30, veinte minutos después de lo previsto, a estas alturas el embarque ha cesado y comienzan a salir los que habían entrado. Incertidumbre da paso a un anuncio por parte de la compañía de que el vuelo ha sido cancelado por un problema técnico y despegará en un plazo de tres horas. Estupendo, tenemos más hambre que el Tamagochi de un sordo y comenzamos a deambular, pensando en como afectará a nuestra triste economía permitirnos un bocadillo.
· 19:30
Doce euros, cinco partidas de cartas, dos solitarios, varias llamadas y un poco menos de hambre después nos encontramos sentados en la cafetería del aeropuerto, mientras recojo con el dedo las migas de mi colín relleno de chorizo. Él consigue un solitario mientras yo vigilo las maletas, después nos levantamos y buscamos la puerta de embarque, lo cual no alcanza el éxito hasta un rato después, después de haber paseado por toda la terminal y de haber buscado una manera de llamar al hotel para avisar en un idioma difícil de definir que no ibamos a llegar a la hora prevista.
· 20:10
Llevamos unos minutos en la nueva cola, la gente de alrededor protesta y por lo visto los del vuelo anterior se han amotinado por las cuatro horas de retraso a sus espaldas. A nosotros por lo visto aún nos queda otra. De pronto, a nuestro alrededor todos mascan con ganas unos sandwiches procedentes de unas bolsitas que llevan todos por igual, procedentes de la cafetería donde hemos donado, interesadamente, parte de nuestro hígado y el 75% de nuestros riñones, pero claro, el contenido de la bolsita es gratis. Por amor propio y ajeno (a nuestros 12 euros) vamos a por nuestra bolsita.
· 21:00
Comienza el embarque, hay pasarela pero no avión y empezamos a sospechar que ryanair mantiene los costes bajos porque los aviones obtienen su combustible de los deshechos humanos de un pasaje elegido al azar al ser gaseados a traición en un embarque fingido.
Jueves, 16 de Junio.
· 00:15
Por fin sentados en el avión y tras las comprobacíones de turno despegamos. Un saludo, unas indicaciones, un carrito de refrescos, un catálogo de Tax Free, un carrito de regalos Tax Free, varias turbulencias, un sorteo moralizador y un aterrizaje brusco donde los haya más tarde... Estabamos en Beauvais.
(Continuará...)