Este, ha tenido momentos particularmente chungos pero quedan totalmente relegados cuando pasas con la dulzura con la que lo haces todo. Eres siempre paciente conmigo y el mejor de los hombres, siempre encuentro en ti (que nunca lleva tilde, ya iba a ponerla xD) hogar y la seguridad de tus brazos que jamás me defraudan.
Mi conclusión es que sea lo que sea del día, no me importa mientras este termine en tu cama.
Te amo, felices cuatro meses amor :)
24 ene 2012
4 ene 2012
París V ( Please don't stop the rain )
Sábado, 18 de Junio de 2011
El despertador sonó a la hora prevista, como alarma "I'm too sexy", pelea por la ducha, ducha, aprovisionamiento galletil y empezamos nuestra marcha. Unas paradas de metro y después tomamos el RER en dirección Versalles, o eso creíamos, ya que terminamos por darnos cuenta de que habíamos tomado el tren equivocado después de un trayecto de aproximadamente una hora hasta un lugar parecido a Parla (Madrid), tras haber atravesado varios pueblos encantadores de casitas de piedra y madera y haber disfrutado un buen rato de las vistas de la Torre Eiffel. Llovía (qué novedad...) nos desesperamos y cogimos el tren en dirección opuesta, otra hora de vuelta, agobio existencial intentando coger el tren correcto, barritas Mars y cogemos el tren a Versalles - esta vez el bueno - en Champs de Mars, momento fotogénico, ciento cuarenta fotos tipo choni, un par aceptables, estamos en Versalles.
Hacía un sol espléndido y un frío de cojones, bendito clima francés, decidimos entrar a un McDonalds mega-fashion hasta las orejas de turistas y niños berreantes, tardamos cuarenta minutos en pedir y diez en comer. Escapamos de la marabunta de guiris y nos encaminamos hacia el palacio, el clima iba mejorando, haciendo algo parecido a calor, a medida que nos acercamos la brillantina dorada con la que los gabachos pintan todo lo importante resplandece con la luz del sol y nos muestra los primeros atisbos de la fantástica construcción. Realmente impresionante.
Cruzamos la valla y buscamos la entrada, llevándonos una gran alegría al comprobar que teníamos entrada gratis, y así nos dispusimos a recorrer las estancias de la morada real, haciendo cuanto chorra era posible junto a los cientos de esculturas a la par que chistes sobre la razón que tenían los franceses en despojar a sus monarcas de sus cabezas. Las dependencias nos parecieron a cual más exquisita -aunque ese famoso portador de polvo de hadas las veía mucho mejor, ya que yo recibía por todas partes codazos y no veía mucho más que cabezas de guiris- personalmente me deleité en las esculturas, las pinturas de techo y paredes, de la historia que me rodeaba. Recuerdo atravesar la sala de los espejos y entrar en una de las habitaciones destinadas al rey, donde mi duende y su chaleco de puto se asomaban a un balcón por el que entraba una luz preciosa que reflectaba en los grandes espejos de la sala.
Después de aquello decidimos salir a los jardines, en los que había reinado una buena temperatura y un sol espléndido mientras habíamos estado dentro, aquí empiezan nuestras desdichas, unos cuantos euros de sajada que duelen como cortarse con un papel por escuchar un CD en el parquecito, por no hablar de que según cruzamos la puerta el cielo encapotado de París nos hizo una visita más, nos cruzamos con unos guiris un tanto... gilipollas que no eran capaz de decirnos de donde habían sacado un cochecito porque se les acababa el tiempo y cuando descubrimos de donde los habían sacado resulta que no los podíamos alquilar. Es igual, paseamos por los inmensos jardines, ricamente decorados, vigilados por todos los dioses de Grecia y Roma, tremendamente cuidados y completamente preciosos, los recorrimos hasta que vimos a un chaval en bicicleta y decidimos buscar una sin éxito, lo que finalmente nos llevó a la siguiente y muy divertida situación, tomar una barca.
Alquilamos una barca por una hora, subimos, empieza a hacer un viento digno de un naufrágio de Odiseo y el portador del polvo de hadas se cine su bolsita mágica a la cintura y empieza a remar... A remar en círculos durante unos veinte minutos. Finalmente tomamos rumbo y nos adentramos en el estanque no sin haber corrido peligro de hundimiento con mis torpes movimientos, parece que Sapito ya ha mostrado bastante de sus gayumbos de besos y tiene ganas de saltar a la charca, me deja el mando, convirtiendome en la Capitana Liz, incapaz de mover dos remos a la vez, se desvía el rumbo, empieza a diluviar en el medio del inmenso estanque, parecemos incapaces de volver, dimito como capitana y entonces él retoma el control de la nave con sus manos siempre seguras, haciendola llegar a puerto. Debido a la intensa lluvia salimos del recinto del palacio con nuestro nuevo souvenir ''Pulmonía Parisienne'', damos una vuelta por Versalles y terminamos en una crêperíe donde gordeamos como campeones, galletes de jamón y queso y de huevo y queso para el florívoro y crêpe de chocolate de postre. Envié una postal y continuamos en busca de un souvenir, yo encontré una baraja de tarot y mi comeflores dos navajitas de bolsillo que tuvimos que tirar un par de entradas de este blog más allá.
Después de encontrar/mangar un paraguas en la estación de tren volvimos hacia nuestro acogedor antro, con un millón de fotos, geniales recuerdos, calados hasta los gayumbos de corazones y nuestra fantástica amistad, tan preciosa como acostumbra, siempre haciéndonos mejores.
Continuará...
El despertador sonó a la hora prevista, como alarma "I'm too sexy", pelea por la ducha, ducha, aprovisionamiento galletil y empezamos nuestra marcha. Unas paradas de metro y después tomamos el RER en dirección Versalles, o eso creíamos, ya que terminamos por darnos cuenta de que habíamos tomado el tren equivocado después de un trayecto de aproximadamente una hora hasta un lugar parecido a Parla (Madrid), tras haber atravesado varios pueblos encantadores de casitas de piedra y madera y haber disfrutado un buen rato de las vistas de la Torre Eiffel. Llovía (qué novedad...) nos desesperamos y cogimos el tren en dirección opuesta, otra hora de vuelta, agobio existencial intentando coger el tren correcto, barritas Mars y cogemos el tren a Versalles - esta vez el bueno - en Champs de Mars, momento fotogénico, ciento cuarenta fotos tipo choni, un par aceptables, estamos en Versalles.
Hacía un sol espléndido y un frío de cojones, bendito clima francés, decidimos entrar a un McDonalds mega-fashion hasta las orejas de turistas y niños berreantes, tardamos cuarenta minutos en pedir y diez en comer. Escapamos de la marabunta de guiris y nos encaminamos hacia el palacio, el clima iba mejorando, haciendo algo parecido a calor, a medida que nos acercamos la brillantina dorada con la que los gabachos pintan todo lo importante resplandece con la luz del sol y nos muestra los primeros atisbos de la fantástica construcción. Realmente impresionante.
Cruzamos la valla y buscamos la entrada, llevándonos una gran alegría al comprobar que teníamos entrada gratis, y así nos dispusimos a recorrer las estancias de la morada real, haciendo cuanto chorra era posible junto a los cientos de esculturas a la par que chistes sobre la razón que tenían los franceses en despojar a sus monarcas de sus cabezas. Las dependencias nos parecieron a cual más exquisita -aunque ese famoso portador de polvo de hadas las veía mucho mejor, ya que yo recibía por todas partes codazos y no veía mucho más que cabezas de guiris- personalmente me deleité en las esculturas, las pinturas de techo y paredes, de la historia que me rodeaba. Recuerdo atravesar la sala de los espejos y entrar en una de las habitaciones destinadas al rey, donde mi duende y su chaleco de puto se asomaban a un balcón por el que entraba una luz preciosa que reflectaba en los grandes espejos de la sala.
Después de aquello decidimos salir a los jardines, en los que había reinado una buena temperatura y un sol espléndido mientras habíamos estado dentro, aquí empiezan nuestras desdichas, unos cuantos euros de sajada que duelen como cortarse con un papel por escuchar un CD en el parquecito, por no hablar de que según cruzamos la puerta el cielo encapotado de París nos hizo una visita más, nos cruzamos con unos guiris un tanto... gilipollas que no eran capaz de decirnos de donde habían sacado un cochecito porque se les acababa el tiempo y cuando descubrimos de donde los habían sacado resulta que no los podíamos alquilar. Es igual, paseamos por los inmensos jardines, ricamente decorados, vigilados por todos los dioses de Grecia y Roma, tremendamente cuidados y completamente preciosos, los recorrimos hasta que vimos a un chaval en bicicleta y decidimos buscar una sin éxito, lo que finalmente nos llevó a la siguiente y muy divertida situación, tomar una barca.
Alquilamos una barca por una hora, subimos, empieza a hacer un viento digno de un naufrágio de Odiseo y el portador del polvo de hadas se cine su bolsita mágica a la cintura y empieza a remar... A remar en círculos durante unos veinte minutos. Finalmente tomamos rumbo y nos adentramos en el estanque no sin haber corrido peligro de hundimiento con mis torpes movimientos, parece que Sapito ya ha mostrado bastante de sus gayumbos de besos y tiene ganas de saltar a la charca, me deja el mando, convirtiendome en la Capitana Liz, incapaz de mover dos remos a la vez, se desvía el rumbo, empieza a diluviar en el medio del inmenso estanque, parecemos incapaces de volver, dimito como capitana y entonces él retoma el control de la nave con sus manos siempre seguras, haciendola llegar a puerto. Debido a la intensa lluvia salimos del recinto del palacio con nuestro nuevo souvenir ''Pulmonía Parisienne'', damos una vuelta por Versalles y terminamos en una crêperíe donde gordeamos como campeones, galletes de jamón y queso y de huevo y queso para el florívoro y crêpe de chocolate de postre. Envié una postal y continuamos en busca de un souvenir, yo encontré una baraja de tarot y mi comeflores dos navajitas de bolsillo que tuvimos que tirar un par de entradas de este blog más allá.
Después de encontrar/mangar un paraguas en la estación de tren volvimos hacia nuestro acogedor antro, con un millón de fotos, geniales recuerdos, calados hasta los gayumbos de corazones y nuestra fantástica amistad, tan preciosa como acostumbra, siempre haciéndonos mejores.
Continuará...
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