Hoy - para ser justos, ayer - hace veintidós años que nació una razón para que mi mundo sea mejor. Tú, mi polivalente ardilla, mi portador de polvo de hadas, el sapito y el leñador porno, todo lo que tú eres y lo que nadie más podrá ser, porque eres ya algo inherente a mí y a lo que no pienso renunciar.
Te quiero y te querré, siempre, y te deseo en tu día y en todos los días toda la felicidad posible y te regalo la promesa de cuidarte, quererte y escribirte mientras viva.
Feliz día cariño.