Bajamos del avión y nos dimos la carrera con las maletas hasta el autobús que nos llevaría al centro de París. Era una noche fresca, y en nuestros estómagos se retorcía el gusanillo de la incertidumbre mezclada con la emoción de estar por fin allí (es posible que el hambre también tuviera algo que ver con esas sensaciones). Un par de asientos por delante había un chico comiendo una bolsa de bolitas de Kit-Kat, no pude reprimir un ''Oh... Kit-Kat...'' el chico se giró y me ofreció la bolsa, después de haber comido un trozo de tortilla a las dos de la tarde y un colín a las siete, me pareció el gesto más humanitario del mundo.
Bromeabamos sobre que el autobús se movía mucho menos que el avión, mientras nos acercábamos a la ciudad de la luz alucinando con cada cosa que veíamos, hasta que, ahí estaba, decorada con esa iluminación tan estridente, la punta de la Torre Eiffel. Estábamos en París.
Según pusimos un pie en el suelo la ciudad empezó a odiarnos, bajamos nuestras maletas a la estación de metro de Porte Maillot, con un considerable número de escaleras, para encontrar que el último tren de metro ya había salido (gracias, Barajas). Con las mismas y sin tener ni idea de nada subimos y buscamos un taxi, que terminamos compartiendo con una brasileña que nos dió cinco euros y se largó en su parada. El viaje en taxi seguía, nuestro destino la Rue Myrha, el taxista no quería entrar, lo que era un buen preludio de lo que nos esperaba, así que nos dejó cerca, nos dió unas indicaciones y desapareció.
Allí nos vimos, a las dos de la madrugada tirados en lo peor de Montmartre, rodeados de prostitutas, camellos que intercambiaban droga delante de nuestra cara y grupitos del equivalente francés de todos los ''gangsta'' de París, con nuestra pinta de ''soy turista, róbame a gusto'' y sin tener la menor idea de dónde íbamos.
No tengo muy claro cómo, terminamos encontrando el hotel, nos sacaron la mitad de nuestro dinero en la recepción por lo que la posibilidad de cambiar a un tugurio menos tuguriento quedaba anulada. Mientras subíamos las escaleras de caracol curvadas y forradas de un terciopelo rojo gastado digno del burdel más transitado nos arrepentiamos de nuestra elección hotelera. No mejoró la cosa al abrir la puerta y encontrarnos una cama en un rincón de una habitación que no se había barrido ni por equivocación desde el verano pasado, con olor rancio y un baño que invitaba a la grabación de un thriller.
Cansados como estábamos, abrimos la cama y nos dispusimos a dormir hasta que vimos las sábanas llenas de pelo púbico ajeno, manchas de prefiero no saber el qué y cabellos varios. La manta no era mucho mejor, y la retiramos todo lo posible, sólo queda decir que terminé durmiendo con el pijama metido por los calcetines para tocar lo menos posible de aquel catre inmundo. Apoyando la cara en la almohada con una mezcla de repugnancia y satisfacción, me quedé dormida.
***
Los rayos de sol entraban por la ventana, grande y cubierta con una cortinilla de baño por alguna mente inspirada directamente por el Gran Arquitecto como poco. Todo parecía menos horrible con la luz del día. Abri la ventana y me asome, Felipe hizo lo mismo y dijo ''Aquí lo tienes, Montmartre, el auténtico'' y de Montmartre, el auténtico, salimos camino a un Montmartre más turístico pero con el indudable sabor del París más bohemio. Doscientas escaleras nos llevaron a la basílica del Sacre Coeur -en mi opinión una maravilla arquitectónica donde las haya- y más tarde nos perdimos por sus calles en busca del cementerio de Montmartre, finalmente y hartos de buscar nos dirigimos a nuestro primer destino. Pére Lachaise.
Atravesando el umbral del famoso cementerio no por la puerta principal sino por una de las esquinas, se desplegaba ante nosotros una belleza difícil de explicar; la hermosura calmada de la muerte junto al silencio pastoso del tiempo y una mezcla de verde chispeantemente vivo en contraste a las losas grises, algunas simples y otras ricamente decoradas que pesaban sobre las vidas de aquellos que custodiaban en un desfile estático de historias no contadas. Era una mañana de cielo encapotado, del mejor gris depresivo que puede ofrecerte París y acompañando nuestro paseo, no sé si como muestra de amor o de odio, la ciudad nos regaló la lluvia como lágrimas cuando se llora por cualquier cosa que no sea tristeza, no demasiada pero suficiente para impregnarlo todo de olor a húmedad e historia.
Ahora lo recuerdo con melancólica ternura, pero en el momento protestábamos por la lluvia y por el tiempo, queríamos irnos pero por desgracia para el camello de polvo dorado yo no pensaba irme sin visitar al señor Wilde, así que dimos vueltas y vueltas buscando la división 89, justo en otro extremo del lugar por el que habíamos entrado. Tras unas dos horas de paseo perdiendonos entre las más curiosas lápidas ahí estaba, una tremenda masa de algo similar al granito pero que no lo era en la que se encontraba tallada una esfinge junto con el nombre que llevaba tiempo buscando, ''Oscar Wilde''. Me detuve y respiré, tuve que sacar bastantes fotos del momento, abrí la mochila para coger mi pintalabios rojo, uno de mis preferidos, que había viajado hasta allí exclusivamente para esto, me pinté los labios y besé la tumba, añadí lo único que podía decirle con letras rojas, ''Gracias por tus letras''.
Ignoro si Oscar sería tal y como parece ser en sus escritos y hay mucha polémica sobre la profanación del descanso del señor Wilde, sin embargo, confío en que se habría divertido de ver besos y más besos en su sepulcro. De cualquier forma, allí, sobre la ''S'' de Oscar y escrita con pintalabios rojo descansaba la frase que guardo desde entonces, la que me traje de aquel lugar, de Wilde, y de la ciudad "You inspire me".Nos alejamos comiendo minipizzas de una caja, con más hambre que respeto de ultratumba e incluso nos arriesgamos a beber agua de una fuente, después de dar bastantes vueltas, salimos del cementerio y nos sentamos en una especie de rambla-parque parisina que había justo enfrente para degustar un exquisito bocadillo de salchichón de pavo y otro de tranchetes (versión vegetariana) mientras unas palomas asesinas con los cojones como camiones nos acosaban pidiendo su ración sin echar a volar por más aspavientos que hiciéramos.
Nos habíamos levantado pronto así que cansados, emprendimos el camino de vuelta para echarnos una siesta e, importante, comprobar si nuestras maletas seguían allí, cosa de la que no estábamos para nada seguros. Nuestra ignorancia nos llevó a dar la vuelta al mundo en metro y cuando salimos a la superficie, preguntamos por nuestra querida Rue Myrha, nos preguntaron si queríamos droga, dijimos ''No, es que nuestro hotel está allí'' y acompañado por el típico dedo que oscila en la sien nos dijeron ''¿Estais locos?'' tuve ganas de contestar algo como ''No, soy así de pobre'', finalmente este simpático personaje se ofreció a acompañarnos y allí nos vimos de nuevo, aliviados por no haber sido apuñalados en tránsito y porque nuestras maletas seguían más o menos donde las dejamos nos tumbamos. Pasado un rato ideamos un plan para bajar al súper a por algo para cenar, me tocó ser la intrépida y bajé. Después de volver de la compra conocí el mejor sitio del hotel, sin dudarlo, un sótano siniestro con un microondas por el que no había pasado un pañito mojado desde la fábrica. Para sorpresa de Felipe le había conseguido pastita con queso, caliente, nos supo a gloria, más aún cuando descubrímos las galletas Fingers y los heladitos de postre. Como nos quedamos con ganas de juerga, bajé de nuevo a por una caja de Coronitas, nos vimos sin abrebotellas y decidimos pedirselo al tipo de la recepción. Lo siguiente, testimonio de mi compañero de andanzas, fue que una marujé parisienne protestó por que en ese callejón de trapicheo y prostitución teníamos la maldad y poca decencia de subir cerveza al cuarto.
Asumiendo la culpa de nuestra pequeña fechoría, brindamos por nuestro viaje y el maltrato psicológico al que nos sometía nuestro querido París y lo demás, queda para otra entrega.
(Continuará...)
La verdad es que extraño estar allí...
ResponderEliminarTu club de fans está amsioso por más entradas xD
ResponderEliminar