Hemos sobrevivido a la nostalgia de la ciudad blanca y a las putadas de una ciudad gris que nos ha ganado pero no vencido acumulando cientos de despertares, al merlot con cherryade, al vinagre con arroz, el ataque de Aragog y una interminable lista de paseos bajo la lluvia. Pero también hemos sobrevivido a esta ciudad árida, tan lejos del humo, tan lejos del castillo en el que moran las ilusiones y de seis paredes que nunca llegaron a pertenecernos y todo esto porque, amigo mío, tenemos una cita.
Gracias por cada uno de tus aros de humo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario