Otra vez mi chico y sus manos mágicas haciendo las delicias de mis oídos mientras retoza apasionado con las cuerdas de su guitarra delante de mi, que descaro... Son deslices que le perdono sólo por ver la cara que pone. Va vestido de basket y ahora que ha crecido lleva el pelo cortado a trasquilones, y es perfecto, huele a jabon de manos y sabe a bollito tierno, o a lo que se suponga que sabe lo mejor que uno pueda llevarse a la boca.
No viene al tema, pero ya es oficial, me muero de celos de su guitarra, y de la arpía de su hombro que se pasa el día entero sobre su piel (Nota para lectores: La arpía de su hombro es un dibujo, no es algo estilo gnomo de la cocina) y de la ropa que lleva.
No sé que hago que no le estoy dando un beso.
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