18 oct 2011

730

Volviste de Irlanda con tu leprechaun borracho por expresa petición de una loca que no conocías y que tenía sueños tórridos contigo en una terraza de bar rodeada de niños... Suena siniestro.
La misma loca sin límites que te besó poco después, etílica perdida (y cuando no...) iniciando una especie de ritual que se repetía cada copa llena, sin mayor importancia que la que tiene la salida del sol cada mañana para las plantas ávidas de luz, sin más, a la mañana siguiente todo seguía igual, tú con tu risa, tus protestas y tus canciones, yo apartando los palitroques que van indicando los caminos normales, arrastrandote a mi mundo de la ausencia de topes en el que nunca se bebe demasiada absenta, se fuma demasiada hierbamejor, o se tienen amigos demasiado raros.
Y poco a poco, cada vez más juntos, cada vez más necesarios, ibamos compartiendo cada momento. Es hermoso mirar atrás y ver la perfecta sucesión de acontecimientos que nos precede, aumentando en la medida precisa nuestro afecto con cada día. También echando la vista atrás, observo que sigo siendo yo, sólo que una versión mejorada desde que sé que ese medio metro de pies patalea por el mundo, y aún sigo sin saber como darte las gracias por todo lo que me has enseñado y sobre todo por nunca, nunca, haberme fallado.
Poca gente puede contar con alguien así, mi gran suerte es tenerlo.
Hoy, para mi gran amigo, 730 y los que quedan...
Te quiero.

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