Elaborar una lista de lugares en los que quiero ser mochilera por tu piel sin dejarme nada por visitar, disfrutar de su gastronomía y costumbres, y a la mañana siguiente salir cogida de tus manos tejedoras a comernos la ciudad de turno, haciendola tan especial como cada lugar que pisas dispuesta a llenarla de anécdotas, humo y canciones, a plasmarlas después en la prosa que siempre me inspiras y si es posible, a aderezarla con las especias del lugar, esas que tú y yo sabemos que lo hacen todo tan divertido.
A mi esas cosas no me pasaban...
Y así el pretérito imperfecto, dío paso al futuro.
Mi futuro no es más que un constante presente cambiante, y eso es lo que te regalo. Ya echo de menos la brújula de tus labios en el citado mapa. Te quiero
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