Y van tres, que rápido pasa el tiempo cuando se es feliz, parece que nunca es suficiente. Cada nuevo dia me despierto más segura, más dispuesta y sobre todo más enamorada de ti, contigo todo se vuelve más y mejor y sólo eso es lo que quiero, más días contigo y más noches sin manta, sin sitio, pero junto a ti.
Cantame dulce gatito porfa ^^.
Te amo.
22 dic 2011
29 nov 2011
Querido Rey Mago
Querido Rey Mago.
Este año he sido muy buena, fiel y no tengo ninguna arpía ni arpío. He preparado zumitos de pomelo a mi projimo y cuidado de mi mamá, de mis gatos y de mi perrito. Además, he sacado unas notas aceptables y he hecho el bien en general. Por ello, aquí dispongo mi lista de deseos para esta Navidad.
El primero de todos es que este año, mi novio siga queriendome tanto como el anterior (como poco) y que a lo largo del mismo, encuentre la manera de despertar a su lado cada mañana, que me de besitos todos los días y que pueda ponerme camisas que huelan a él.
Menos necesarios pero también agradecibles, son los siguientes.
-Un colgantito chachi piruli con piedra ^^ (y a ser posible antiguo).
-Una pipa.
-Un viaje a Grecia (Por pedir... xD).
-Un viaje a cualquier parte.
-Una antigüedad cualquiera de esas que me molan a mi.
-Un sombrerito con velo.
-Un libro.
-Cosas ñoñas.
-Piedras.
-Una barbie molona.
-Una sorpresa que no me espere y mole mucho.
-Algo porno.
-Esa edición antigua de Orgullo y Prejuicio que vimos en la libreria chachi.
-Un tour a cartera abierta por tiendas de segunda mano (XDDDDDD).
Y aquí finalizan mis peticiones, aunque siempre prima el criterio del propio Rey Mago, que también puede traer hierba para sus duendecillos repartidores... Y al que seguro que se le ocurren más cosas chachis.
Sin otro requerimiento.
Atentamente.
Liz.
Este año he sido muy buena, fiel y no tengo ninguna arpía ni arpío. He preparado zumitos de pomelo a mi projimo y cuidado de mi mamá, de mis gatos y de mi perrito. Además, he sacado unas notas aceptables y he hecho el bien en general. Por ello, aquí dispongo mi lista de deseos para esta Navidad.
El primero de todos es que este año, mi novio siga queriendome tanto como el anterior (como poco) y que a lo largo del mismo, encuentre la manera de despertar a su lado cada mañana, que me de besitos todos los días y que pueda ponerme camisas que huelan a él.
Menos necesarios pero también agradecibles, son los siguientes.
-Un colgantito chachi piruli con piedra ^^ (y a ser posible antiguo).
-Una pipa.
-Un viaje a Grecia (Por pedir... xD).
-Un viaje a cualquier parte.
-Una antigüedad cualquiera de esas que me molan a mi.
-Un sombrerito con velo.
-Un libro.
-Cosas ñoñas.
-Piedras.
-Una barbie molona.
-Una sorpresa que no me espere y mole mucho.
-Algo porno.
-Esa edición antigua de Orgullo y Prejuicio que vimos en la libreria chachi.
-Un tour a cartera abierta por tiendas de segunda mano (XDDDDDD).
Y aquí finalizan mis peticiones, aunque siempre prima el criterio del propio Rey Mago, que también puede traer hierba para sus duendecillos repartidores... Y al que seguro que se le ocurren más cosas chachis.
Sin otro requerimiento.
Atentamente.
Liz.
22 nov 2011
Segundo mes
Otra vez mi chico y sus manos mágicas haciendo las delicias de mis oídos mientras retoza apasionado con las cuerdas de su guitarra delante de mi, que descaro... Son deslices que le perdono sólo por ver la cara que pone. Va vestido de basket y ahora que ha crecido lleva el pelo cortado a trasquilones, y es perfecto, huele a jabon de manos y sabe a bollito tierno, o a lo que se suponga que sabe lo mejor que uno pueda llevarse a la boca.
No viene al tema, pero ya es oficial, me muero de celos de su guitarra, y de la arpía de su hombro que se pasa el día entero sobre su piel (Nota para lectores: La arpía de su hombro es un dibujo, no es algo estilo gnomo de la cocina) y de la ropa que lleva.
No sé que hago que no le estoy dando un beso.
No viene al tema, pero ya es oficial, me muero de celos de su guitarra, y de la arpía de su hombro que se pasa el día entero sobre su piel (Nota para lectores: La arpía de su hombro es un dibujo, no es algo estilo gnomo de la cocina) y de la ropa que lleva.
No sé que hago que no le estoy dando un beso.
22 oct 2011
Primer mes
Amado lector,
tu carta de ayer disipó todas las dudas que nunca he tenido de tu amor, por escrito, como te pedí. ¿Y de qué otra forma iba a responderte que por escrito? Hablando de lo cual, me llamas musa, pero lo que ignoras es que jamás me gustó tanto escribir como me gusta desde que te conozco y, con eso que dices de citar a un autor de los buenos para dar calidad al texto, cuando pienso en ti cobra significado aquella de ''sólo tú haces eficaces todas las frases que diga''.
El motivo de estas líneas, como seguro imaginas, es que hoy se cumple el primer mes desde que la relación más especial de mi vida se transformó en la relación aún más especial de mi vida, y durante este tiempo he sido más feliz que nunca y por eso y por todo lo que tú eres y me das quiero decirte; Gracias.
Y, permitiendome la licencia de hacerte un plagio, procedo a entregarte yo también la promesa de mi amor, y con ella prometo también:
- Aprender a entender los partidos de baloncesto.
- Mirarte con admiración siempre que toques la guitarra.
- Cocinarte verde y llegado el caso, filetes de vaquita feliz.
- Sentirme feliz todos los días de tenerte a mi lado, así como hacer que tú lo seas siempre que pueda.
- Dormir en los hostales más cutres del mundo sin protestar si tú vienes conmigo.
- Esforzarme a diario por que te sientas amado.
- Seguir al pie del cañón, por difíciles que se pongan las cosas.
- Dormir en cucharita siempre que sea posible.
Y a cambio, sólo te pido una cosa, que seas tú.
Te amo, Phil.
tu carta de ayer disipó todas las dudas que nunca he tenido de tu amor, por escrito, como te pedí. ¿Y de qué otra forma iba a responderte que por escrito? Hablando de lo cual, me llamas musa, pero lo que ignoras es que jamás me gustó tanto escribir como me gusta desde que te conozco y, con eso que dices de citar a un autor de los buenos para dar calidad al texto, cuando pienso en ti cobra significado aquella de ''sólo tú haces eficaces todas las frases que diga''.
El motivo de estas líneas, como seguro imaginas, es que hoy se cumple el primer mes desde que la relación más especial de mi vida se transformó en la relación aún más especial de mi vida, y durante este tiempo he sido más feliz que nunca y por eso y por todo lo que tú eres y me das quiero decirte; Gracias.
Y, permitiendome la licencia de hacerte un plagio, procedo a entregarte yo también la promesa de mi amor, y con ella prometo también:
- Aprender a entender los partidos de baloncesto.
- Mirarte con admiración siempre que toques la guitarra.
- Cocinarte verde y llegado el caso, filetes de vaquita feliz.
- Sentirme feliz todos los días de tenerte a mi lado, así como hacer que tú lo seas siempre que pueda.
- Dormir en los hostales más cutres del mundo sin protestar si tú vienes conmigo.
- Esforzarme a diario por que te sientas amado.
- Seguir al pie del cañón, por difíciles que se pongan las cosas.
- Dormir en cucharita siempre que sea posible.
Y a cambio, sólo te pido una cosa, que seas tú.
Te amo, Phil.
20 oct 2011
Felipe IV (Pagano Ronaldo)
(ADVERTENCIA: Este post está escrito bajo los efectos de una droga muy mala que mete a la gente en la mierda [A veces con más literalidad de la necesaria]. Por ello no garantizo que dentro de dos horas lo aquí escrito siga teniendo sentido.)
Empieza hablando de droga, no pinta bien, como lo lea mi mamá me la cargo seguro... A lo que iba, que te has hecho una foto y has dicho ''joder parezco un Cristiano Ronaldo cualquiera'' y yo como soy una friki he pensado ''Parece Pagano Ronaldo" que ni siquiera tiene sentido pero me ha hecho mucha gracia.
Tambien me han hecho mucha gracia otras frases, como:
L- Podrias hacer un entrenamiento espectacular, así como Space Jam...
F-¿Y qué les enseño, a dar vueltas la cabeza?
Que es un buen ejemplo de tu mordacidad cuando traes hierba de hadas, lo que te hace muy divertido.
Y bueno, luego de lo de Pagano Ronaldo, se me ha ocurrido pensar guarradas y se me han mezclado con lo pagano y me he puesto a pensar en amores dionisiacos y ya se me ha ido un poco la olla. Esto me invita a una reflexión "¿Es Dionisos el dios de la hierbamejor?"...
El caso, querido lector, es que te quiero.
Empieza hablando de droga, no pinta bien, como lo lea mi mamá me la cargo seguro... A lo que iba, que te has hecho una foto y has dicho ''joder parezco un Cristiano Ronaldo cualquiera'' y yo como soy una friki he pensado ''Parece Pagano Ronaldo" que ni siquiera tiene sentido pero me ha hecho mucha gracia.
Tambien me han hecho mucha gracia otras frases, como:
L- Podrias hacer un entrenamiento espectacular, así como Space Jam...
F-¿Y qué les enseño, a dar vueltas la cabeza?
Que es un buen ejemplo de tu mordacidad cuando traes hierba de hadas, lo que te hace muy divertido.
Y bueno, luego de lo de Pagano Ronaldo, se me ha ocurrido pensar guarradas y se me han mezclado con lo pagano y me he puesto a pensar en amores dionisiacos y ya se me ha ido un poco la olla. Esto me invita a una reflexión "¿Es Dionisos el dios de la hierbamejor?"...
El caso, querido lector, es que te quiero.
18 oct 2011
730
Volviste de Irlanda con tu leprechaun borracho por expresa petición de una loca que no conocías y que tenía sueños tórridos contigo en una terraza de bar rodeada de niños... Suena siniestro.
La misma loca sin límites que te besó poco después, etílica perdida (y cuando no...) iniciando una especie de ritual que se repetía cada copa llena, sin mayor importancia que la que tiene la salida del sol cada mañana para las plantas ávidas de luz, sin más, a la mañana siguiente todo seguía igual, tú con tu risa, tus protestas y tus canciones, yo apartando los palitroques que van indicando los caminos normales, arrastrandote a mi mundo de la ausencia de topes en el que nunca se bebe demasiada absenta, se fuma demasiada hierbamejor, o se tienen amigos demasiado raros.
Y poco a poco, cada vez más juntos, cada vez más necesarios, ibamos compartiendo cada momento. Es hermoso mirar atrás y ver la perfecta sucesión de acontecimientos que nos precede, aumentando en la medida precisa nuestro afecto con cada día. También echando la vista atrás, observo que sigo siendo yo, sólo que una versión mejorada desde que sé que ese medio metro de pies patalea por el mundo, y aún sigo sin saber como darte las gracias por todo lo que me has enseñado y sobre todo por nunca, nunca, haberme fallado.
Poca gente puede contar con alguien así, mi gran suerte es tenerlo.
Hoy, para mi gran amigo, 730 y los que quedan...
Te quiero.
La misma loca sin límites que te besó poco después, etílica perdida (y cuando no...) iniciando una especie de ritual que se repetía cada copa llena, sin mayor importancia que la que tiene la salida del sol cada mañana para las plantas ávidas de luz, sin más, a la mañana siguiente todo seguía igual, tú con tu risa, tus protestas y tus canciones, yo apartando los palitroques que van indicando los caminos normales, arrastrandote a mi mundo de la ausencia de topes en el que nunca se bebe demasiada absenta, se fuma demasiada hierbamejor, o se tienen amigos demasiado raros.
Y poco a poco, cada vez más juntos, cada vez más necesarios, ibamos compartiendo cada momento. Es hermoso mirar atrás y ver la perfecta sucesión de acontecimientos que nos precede, aumentando en la medida precisa nuestro afecto con cada día. También echando la vista atrás, observo que sigo siendo yo, sólo que una versión mejorada desde que sé que ese medio metro de pies patalea por el mundo, y aún sigo sin saber como darte las gracias por todo lo que me has enseñado y sobre todo por nunca, nunca, haberme fallado.
Poca gente puede contar con alguien así, mi gran suerte es tenerlo.
Hoy, para mi gran amigo, 730 y los que quedan...
Te quiero.
17 oct 2011
Felipe III ( Porque ciertas incongruencias concentran todo el sentido en el lóbulo de su oreja )
De fondo esa banda sonora de Midnight in Paris que acabas de pasarme, creo que empieza a gustarme el jazz... Yo nunca había vivido un amor así, eso de poder besarte sin tener que preguntarme si sientes lo mismo porque tengo la absoluta certeza de que es así, eso de verme en tus brazos y saber que ese es mi sitio y que nada puede ocurrir, mirarte sin miedo a que pasen muchos mañanas, sabiendo que como el buen ron, lo nuestro sólo puede mejorar.
Elaborar una lista de lugares en los que quiero ser mochilera por tu piel sin dejarme nada por visitar, disfrutar de su gastronomía y costumbres, y a la mañana siguiente salir cogida de tus manos tejedoras a comernos la ciudad de turno, haciendola tan especial como cada lugar que pisas dispuesta a llenarla de anécdotas, humo y canciones, a plasmarlas después en la prosa que siempre me inspiras y si es posible, a aderezarla con las especias del lugar, esas que tú y yo sabemos que lo hacen todo tan divertido.
A mi esas cosas no me pasaban...
Y así el pretérito imperfecto, dío paso al futuro.
Elaborar una lista de lugares en los que quiero ser mochilera por tu piel sin dejarme nada por visitar, disfrutar de su gastronomía y costumbres, y a la mañana siguiente salir cogida de tus manos tejedoras a comernos la ciudad de turno, haciendola tan especial como cada lugar que pisas dispuesta a llenarla de anécdotas, humo y canciones, a plasmarlas después en la prosa que siempre me inspiras y si es posible, a aderezarla con las especias del lugar, esas que tú y yo sabemos que lo hacen todo tan divertido.
A mi esas cosas no me pasaban...
Y así el pretérito imperfecto, dío paso al futuro.
9 oct 2011
París sin ti
Hace unos días encontré las fotos de mi primer viaje a Francia, en el 2006, una ruta Madrid - París ascendiendo por la costa atlántica acampando a medida que avanzábamos. Aquel viaje me marcó como pocos hasta entonces, no sólo por la increíble belleza de cada lugar sino por todo lo que iba descubriendo de Francia, y de mí misma. Pero esta no es la historia que quiero contar, aunque es un preludio necesario para poder hablar una vez más de París, París en coche, París con prisa, París sin ti.
Cuatro días en los que fui descubriendo la ciudad, a pie y por las zonas más turísticas, así el Louvre me abrió sus puertas, y también Notre Dame, recorrí el Sena en batobús y disfrute de la ciudad blanca desde la cima de la Torre Eiffel y el último día... Montmartre, el Montmartre de mentira pero que encanta corazones, ese en el que los pintores pasean y la absenta corre y no necesitas una navaja abierta en la mano para sentirte un poco más cerca de este barrio. Esta vez no hubo escaleras, sino una tremenda cuesta. El Sacré Coeur me recibió por uno de sus costados, recibiendo el mirador sin esperarmelo justo delante de mi, ofreciendome su espléndida panorámica. No sé si fue en Montmartre, la orilla del Sena o el encanto de ninguna calle particular pero lo cierto es que esa ciudad se quedó un trocito de mi alma, y me fui de ella prometiendome volver.
Y entonces...
Entonces pasaron unos años en los que París quedó lejano, escondido en algún recoveco dentro de mí, pasaron miles de cosas, algunas que importan, otras que no, algunas que recuerdo vivamente y otras que ya he olvidado, transcurrieron días, amistades, cursos, parejas, alegrías y tristezas, sonrisas, borracheras, resacas... Y después llegaste tú poniendo un Leprechaun borracho en mi vida (asegurando que vive encerrado en una bola rellena de vodka) y lo llenaste todo de magia y polvo de hadas, me regalaste tus manos, tu hombro y tus palabras, me cargaste a tu espalda y te apoyaste en mi hombro, me diste tus lágrimas y yo te dí las mías y así pasó con las risas, corrimos por las calles borrachos y compartimos hierbamejor, siempre en el mundo de hadas verdes con minifaldas que tú sabes crear.
Y uno de esos días de tristezas y lágrimas compartidas, llegaste, siempre dispuesto a pintarme una sonrisa y cogida de tu mano en un aterrizaje infernal me devolviste a París, la ciudad blanca, la ciudad de los aros de humo, la ciudad de las luces, del amor y de los bohemios muertos de hambre. Y como la primera vez, atisbé la cima de su emblemática torre y sentí que todo iba como debía. Me devolviste a Montmartre y me empujaste escaleras arriba, Sena abajo, comimos crêpes, bebimos absenta y temimos por nuestras vidas.
El resto de la historia, ya la conoces.
Y una vez más, me prometí volver.
Siempre para ti, mis letras, lector insaciable.
Cuatro días en los que fui descubriendo la ciudad, a pie y por las zonas más turísticas, así el Louvre me abrió sus puertas, y también Notre Dame, recorrí el Sena en batobús y disfrute de la ciudad blanca desde la cima de la Torre Eiffel y el último día... Montmartre, el Montmartre de mentira pero que encanta corazones, ese en el que los pintores pasean y la absenta corre y no necesitas una navaja abierta en la mano para sentirte un poco más cerca de este barrio. Esta vez no hubo escaleras, sino una tremenda cuesta. El Sacré Coeur me recibió por uno de sus costados, recibiendo el mirador sin esperarmelo justo delante de mi, ofreciendome su espléndida panorámica. No sé si fue en Montmartre, la orilla del Sena o el encanto de ninguna calle particular pero lo cierto es que esa ciudad se quedó un trocito de mi alma, y me fui de ella prometiendome volver.
Y entonces...
Entonces pasaron unos años en los que París quedó lejano, escondido en algún recoveco dentro de mí, pasaron miles de cosas, algunas que importan, otras que no, algunas que recuerdo vivamente y otras que ya he olvidado, transcurrieron días, amistades, cursos, parejas, alegrías y tristezas, sonrisas, borracheras, resacas... Y después llegaste tú poniendo un Leprechaun borracho en mi vida (asegurando que vive encerrado en una bola rellena de vodka) y lo llenaste todo de magia y polvo de hadas, me regalaste tus manos, tu hombro y tus palabras, me cargaste a tu espalda y te apoyaste en mi hombro, me diste tus lágrimas y yo te dí las mías y así pasó con las risas, corrimos por las calles borrachos y compartimos hierbamejor, siempre en el mundo de hadas verdes con minifaldas que tú sabes crear.
Y uno de esos días de tristezas y lágrimas compartidas, llegaste, siempre dispuesto a pintarme una sonrisa y cogida de tu mano en un aterrizaje infernal me devolviste a París, la ciudad blanca, la ciudad de los aros de humo, la ciudad de las luces, del amor y de los bohemios muertos de hambre. Y como la primera vez, atisbé la cima de su emblemática torre y sentí que todo iba como debía. Me devolviste a Montmartre y me empujaste escaleras arriba, Sena abajo, comimos crêpes, bebimos absenta y temimos por nuestras vidas.
El resto de la historia, ya la conoces.
Y una vez más, me prometí volver.
Siempre para ti, mis letras, lector insaciable.
4 oct 2011
28 sept 2011
Felipe II (El tejedor de sueños)
Con su presencia la inspiración no me falta y ante sus peticiones no puedo sino volcar las letras que se deben a mi lector. "Escribeme algo" me pide mi tejedor de sueños, para el que todo término se queda corto, y lo que no sabe, es que su piel es el lienzo perfecto para todos mis versos y mis prosas porque es el lugar donde quiero escribir mi historia, aderezada de sudor, humo y absenta.
Esta historia empieza con sus manos, de palma ancha, dedos largos y uñas curvas atacando al mástil y las cuerdas de su guitarra en una danza casi erótica donde lucha por arrancarle gemidos en forma de acordes que conforman la canción que resume nuestras vidas.
Sus manos. Sus manos de amigo y de amante me sujetan el mundo cuando yo ya no puedo, hacen que el suelo deje de tambalearse, sea este movimiento causado por el consumo de bebidas espirituosas o culpa de accidentes laborales en esta carrera llamada Vida, accidentes que han dejado en ellas las huellas de sus canastas y los callos de sus canciones y también el olor de mi piel cuando sus manos se deslizan por mi cuerpo mostrandome otra existencia posible, donde ni absentas ni opiáceos se comparan a la magia de sus dedos, donde el polvo dorado se aloja entre sus uñas dando de cuando en cuando, un toque iridiscente a su tejido de sueños.
Y esto sólo sus manos...
Esta historia empieza con sus manos, de palma ancha, dedos largos y uñas curvas atacando al mástil y las cuerdas de su guitarra en una danza casi erótica donde lucha por arrancarle gemidos en forma de acordes que conforman la canción que resume nuestras vidas.
Sus manos. Sus manos de amigo y de amante me sujetan el mundo cuando yo ya no puedo, hacen que el suelo deje de tambalearse, sea este movimiento causado por el consumo de bebidas espirituosas o culpa de accidentes laborales en esta carrera llamada Vida, accidentes que han dejado en ellas las huellas de sus canastas y los callos de sus canciones y también el olor de mi piel cuando sus manos se deslizan por mi cuerpo mostrandome otra existencia posible, donde ni absentas ni opiáceos se comparan a la magia de sus dedos, donde el polvo dorado se aloja entre sus uñas dando de cuando en cuando, un toque iridiscente a su tejido de sueños.
Y esto sólo sus manos...
14 sept 2011
Felipe I ( De como reparte polvo de hadas donde quiera que vaya )
Esto no se trata de París, ni de absenta, la vie en vert ou des ronds de fumée. Se trata de ti y también de mi, de la suerte, el destino o la ordenación cósmica que me ha concedido la gracia de tenerte en mi vida.
El otro día lo ví claro, mientras hacía aros de humo mirando al cielo, al mismo cielo de siempre. Tu, yo y los aros de humo, así empezó el verano y no puede ser tan horrible si así termina.
Cuando la vida me sorprende con un golpe, tomo aire, hago recuento de daños y siempre pienso lo mismo, "no pasa nada, le tengo a Él".
Y con eso basta.
Gracias por un día a día que demuestra ser un siempre. Llamarte amigo se queda tan corto como las camisetas para gente normal en las que intentas meterte ;)
El otro día lo ví claro, mientras hacía aros de humo mirando al cielo, al mismo cielo de siempre. Tu, yo y los aros de humo, así empezó el verano y no puede ser tan horrible si así termina.
Cuando la vida me sorprende con un golpe, tomo aire, hago recuento de daños y siempre pienso lo mismo, "no pasa nada, le tengo a Él".
Y con eso basta.
Gracias por un día a día que demuestra ser un siempre. Llamarte amigo se queda tan corto como las camisetas para gente normal en las que intentas meterte ;)
25 ago 2011
París IV ( Paris, je t'aime )
Viernes, 17 de Junio de 2011.
Abrimos los ojos a eso de las nueve, más acostumbrados al ambiente que nos rodeaba, el hotel había pasado del asco a esa clase de encanto que comparten las cosas cutres y los perros feos y el barrio nos iba acogiendo a su manera. Así, con la mochila cargada de galletas y de los planos que nunca saco porque odio parecer turista aunque realmente no tenga ni idea de donde voy, salimos hacia metro Barbès-Rochechouart dirección Palais Royal-Museé du Louvre. El portador del polvo de hadas tomó provisiones del vagón de las maravillas, donde las gafapastas pelirojas con su je ne sais quoi revoloteaban a sus anchas. Entramos al Louvre atravesando parte del edificio, hasta llegar al patio donde todos los sabios nos miran y uno se siente parte de la película, la cola parecía interminable pero no había prisa, en la fuente central una indicación similar a ''prohibido caminar sobre las aguas'' tienen que advertirlo porque París es la ciudad donde el humo toma forma y todo puede ocurrir, todo, incluso que después de esperar la cola te encuentres con que la mitad de las salas estan cerradas y decidas volver otro día, después, por supuesto, de habernos puesto en la ventana de la rubia de ensueño que pasará a la historia por parte del camello de mariposas en el estómago como ''La mujer perfecta''.
Nueva incursión en el metro, salida en Menilmontant, comida en el McDonalds de turno. Los franceses piensan en los vegetarianos y tienen ensaladas grandes, para fortuna del pobre tranchetófago que irradiaba felicidad. Al salir fuimos a buscar las famosas tiendas vintage de la zona, encontramos dos, una de precios imposibles y otra de la que me lo hubiera llevado todo, allí conseguimos el a partir de entonces conocido como ''chalequito de puto'', un chaleco de raso rojo con el que se hizo mi querido seductor de francesas. Con esta compra hecha proseguimos nuestra búsqueda, topamos con un hombre de aspecto pintoresco al que le preguntamos las indicaciones, él mismo se ofreció a acompañarnos a la tienda que buscábamos, contandonos por el camino que él nunca se había comprado ropa nueva y que se dedicaba a la enseñanza, este curioso personaje desapareció después de desearnos buen viaje y buenas compras. Pasamos un buen rato rebuscando entre los trastos abandonados de los franceses y allí encontramos el ajedrez que nos acompañaría el resto de la semana junto con un abrebotellas que mostraba el Partenón por una cara y a Atenea por otra, recordandome que Hellas forma parte de mí, vaya donde vaya. ¿Qué tendrá Hellas que nunca permite que te alejes demasiado de aquello que eres, de aquello que amas? Esa tarde, secretamente, mis helenos amados me acompañaron en cada paso por la ciudad en la que todo puede pasar, y me gané un "eres la única friki capaz de comprar souvenirs de Grecia en Francia".
Nos recorrimos toda la red de metro de París en busca de tiendecitas donde puedes comprar un poco de pasado a un precio asequible, una vez salimos a la superficie comenzamos la búsqueda del barrio de Les Marais, allí todo estaba a cien metros según los autóctonos, y a nosotros se nos hacía interminable, tan interminable que terminamos en un puestecillo, donde tuve que complacer al que nunca deja de sacar chispas maravillosas de la suela de sus zapatos con una cestita de moras, y con moras y almendras nos sentamos en un parque a mirar a los niños en los columpios. Empezamos a elucubrar sobre sus futuros, y así pasmos el rato hablando de la Capitana, una de las más pequeñitas vestida con un chubasquero amarillo pero que a sus dos añitos tenía más decisión que el resto de los niños del parque, la lista, que era una gafapasta de cuatro años y se peleaba con la más divertida, a la que llamamos "esa de mayor va a ser calientapollas" una de unos cuatro o cinco años que ponía morritos a todo el mundo y se paseaba con posturitas de modelo por todo el parque, vestida con un gusto que ya quisieran muchas en la treintena. Entre tanto las palomas espartanas de París, que no tienen miedo de nada y bien puedes bailar claqué a su lado que no se moverán, acudían en busca de comida, les dimos su parte y nos levantamos, dirigiendo nuestros pies, que después de todo lo caminado parecían de otros, de nuevo hacia la habitación que fue nuestra casa aquellos días.
Una cherry cola y dos platos de macarrones con queso más tarde estabamos en la habitación, con tarrinas de helado de vainilla y dos o tres cajas de galletas Fingers, aquella noche, aprendí a ser una rival decente de ajedrez...
(Continuará)
· Y esto para ti, portador del polvo de hadas. http://www.youtube.com/watch?v=rRxccy-zcJ8 ·
1 ago 2011
París III ("You inspire me.")
Jueves, 16 de Junio de 2011.
Bajamos del avión y nos dimos la carrera con las maletas hasta el autobús que nos llevaría al centro de París. Era una noche fresca, y en nuestros estómagos se retorcía el gusanillo de la incertidumbre mezclada con la emoción de estar por fin allí (es posible que el hambre también tuviera algo que ver con esas sensaciones). Un par de asientos por delante había un chico comiendo una bolsa de bolitas de Kit-Kat, no pude reprimir un ''Oh... Kit-Kat...'' el chico se giró y me ofreció la bolsa, después de haber comido un trozo de tortilla a las dos de la tarde y un colín a las siete, me pareció el gesto más humanitario del mundo.
Bromeabamos sobre que el autobús se movía mucho menos que el avión, mientras nos acercábamos a la ciudad de la luz alucinando con cada cosa que veíamos, hasta que, ahí estaba, decorada con esa iluminación tan estridente, la punta de la Torre Eiffel. Estábamos en París.
Según pusimos un pie en el suelo la ciudad empezó a odiarnos, bajamos nuestras maletas a la estación de metro de Porte Maillot, con un considerable número de escaleras, para encontrar que el último tren de metro ya había salido (gracias, Barajas). Con las mismas y sin tener ni idea de nada subimos y buscamos un taxi, que terminamos compartiendo con una brasileña que nos dió cinco euros y se largó en su parada. El viaje en taxi seguía, nuestro destino la Rue Myrha, el taxista no quería entrar, lo que era un buen preludio de lo que nos esperaba, así que nos dejó cerca, nos dió unas indicaciones y desapareció.
Allí nos vimos, a las dos de la madrugada tirados en lo peor de Montmartre, rodeados de prostitutas, camellos que intercambiaban droga delante de nuestra cara y grupitos del equivalente francés de todos los ''gangsta'' de París, con nuestra pinta de ''soy turista, róbame a gusto'' y sin tener la menor idea de dónde íbamos.
No tengo muy claro cómo, terminamos encontrando el hotel, nos sacaron la mitad de nuestro dinero en la recepción por lo que la posibilidad de cambiar a un tugurio menos tuguriento quedaba anulada. Mientras subíamos las escaleras de caracol curvadas y forradas de un terciopelo rojo gastado digno del burdel más transitado nos arrepentiamos de nuestra elección hotelera. No mejoró la cosa al abrir la puerta y encontrarnos una cama en un rincón de una habitación que no se había barrido ni por equivocación desde el verano pasado, con olor rancio y un baño que invitaba a la grabación de un thriller.
Cansados como estábamos, abrimos la cama y nos dispusimos a dormir hasta que vimos las sábanas llenas de pelo púbico ajeno, manchas de prefiero no saber el qué y cabellos varios. La manta no era mucho mejor, y la retiramos todo lo posible, sólo queda decir que terminé durmiendo con el pijama metido por los calcetines para tocar lo menos posible de aquel catre inmundo. Apoyando la cara en la almohada con una mezcla de repugnancia y satisfacción, me quedé dormida.
Los rayos de sol entraban por la ventana, grande y cubierta con una cortinilla de baño por alguna mente inspirada directamente por el Gran Arquitecto como poco. Todo parecía menos horrible con la luz del día. Abri la ventana y me asome, Felipe hizo lo mismo y dijo ''Aquí lo tienes, Montmartre, el auténtico'' y de Montmartre, el auténtico, salimos camino a un Montmartre más turístico pero con el indudable sabor del París más bohemio. Doscientas escaleras nos llevaron a la basílica del Sacre Coeur -en mi opinión una maravilla arquitectónica donde las haya- y más tarde nos perdimos por sus calles en busca del cementerio de Montmartre, finalmente y hartos de buscar nos dirigimos a nuestro primer destino. Pére Lachaise.
Nos alejamos comiendo minipizzas de una caja, con más hambre que respeto de ultratumba e incluso nos arriesgamos a beber agua de una fuente, después de dar bastantes vueltas, salimos del cementerio y nos sentamos en una especie de rambla-parque parisina que había justo enfrente para degustar un exquisito bocadillo de salchichón de pavo y otro de tranchetes (versión vegetariana) mientras unas palomas asesinas con los cojones como camiones nos acosaban pidiendo su ración sin echar a volar por más aspavientos que hiciéramos.
Nos habíamos levantado pronto así que cansados, emprendimos el camino de vuelta para echarnos una siesta e, importante, comprobar si nuestras maletas seguían allí, cosa de la que no estábamos para nada seguros. Nuestra ignorancia nos llevó a dar la vuelta al mundo en metro y cuando salimos a la superficie, preguntamos por nuestra querida Rue Myrha, nos preguntaron si queríamos droga, dijimos ''No, es que nuestro hotel está allí'' y acompañado por el típico dedo que oscila en la sien nos dijeron ''¿Estais locos?'' tuve ganas de contestar algo como ''No, soy así de pobre'', finalmente este simpático personaje se ofreció a acompañarnos y allí nos vimos de nuevo, aliviados por no haber sido apuñalados en tránsito y porque nuestras maletas seguían más o menos donde las dejamos nos tumbamos. Pasado un rato ideamos un plan para bajar al súper a por algo para cenar, me tocó ser la intrépida y bajé. Después de volver de la compra conocí el mejor sitio del hotel, sin dudarlo, un sótano siniestro con un microondas por el que no había pasado un pañito mojado desde la fábrica. Para sorpresa de Felipe le había conseguido pastita con queso, caliente, nos supo a gloria, más aún cuando descubrímos las galletas Fingers y los heladitos de postre. Como nos quedamos con ganas de juerga, bajé de nuevo a por una caja de Coronitas, nos vimos sin abrebotellas y decidimos pedirselo al tipo de la recepción. Lo siguiente, testimonio de mi compañero de andanzas, fue que una marujé parisienne protestó por que en ese callejón de trapicheo y prostitución teníamos la maldad y poca decencia de subir cerveza al cuarto.
Bajamos del avión y nos dimos la carrera con las maletas hasta el autobús que nos llevaría al centro de París. Era una noche fresca, y en nuestros estómagos se retorcía el gusanillo de la incertidumbre mezclada con la emoción de estar por fin allí (es posible que el hambre también tuviera algo que ver con esas sensaciones). Un par de asientos por delante había un chico comiendo una bolsa de bolitas de Kit-Kat, no pude reprimir un ''Oh... Kit-Kat...'' el chico se giró y me ofreció la bolsa, después de haber comido un trozo de tortilla a las dos de la tarde y un colín a las siete, me pareció el gesto más humanitario del mundo.
Bromeabamos sobre que el autobús se movía mucho menos que el avión, mientras nos acercábamos a la ciudad de la luz alucinando con cada cosa que veíamos, hasta que, ahí estaba, decorada con esa iluminación tan estridente, la punta de la Torre Eiffel. Estábamos en París.
Según pusimos un pie en el suelo la ciudad empezó a odiarnos, bajamos nuestras maletas a la estación de metro de Porte Maillot, con un considerable número de escaleras, para encontrar que el último tren de metro ya había salido (gracias, Barajas). Con las mismas y sin tener ni idea de nada subimos y buscamos un taxi, que terminamos compartiendo con una brasileña que nos dió cinco euros y se largó en su parada. El viaje en taxi seguía, nuestro destino la Rue Myrha, el taxista no quería entrar, lo que era un buen preludio de lo que nos esperaba, así que nos dejó cerca, nos dió unas indicaciones y desapareció.
Allí nos vimos, a las dos de la madrugada tirados en lo peor de Montmartre, rodeados de prostitutas, camellos que intercambiaban droga delante de nuestra cara y grupitos del equivalente francés de todos los ''gangsta'' de París, con nuestra pinta de ''soy turista, róbame a gusto'' y sin tener la menor idea de dónde íbamos.
No tengo muy claro cómo, terminamos encontrando el hotel, nos sacaron la mitad de nuestro dinero en la recepción por lo que la posibilidad de cambiar a un tugurio menos tuguriento quedaba anulada. Mientras subíamos las escaleras de caracol curvadas y forradas de un terciopelo rojo gastado digno del burdel más transitado nos arrepentiamos de nuestra elección hotelera. No mejoró la cosa al abrir la puerta y encontrarnos una cama en un rincón de una habitación que no se había barrido ni por equivocación desde el verano pasado, con olor rancio y un baño que invitaba a la grabación de un thriller.
Cansados como estábamos, abrimos la cama y nos dispusimos a dormir hasta que vimos las sábanas llenas de pelo púbico ajeno, manchas de prefiero no saber el qué y cabellos varios. La manta no era mucho mejor, y la retiramos todo lo posible, sólo queda decir que terminé durmiendo con el pijama metido por los calcetines para tocar lo menos posible de aquel catre inmundo. Apoyando la cara en la almohada con una mezcla de repugnancia y satisfacción, me quedé dormida.
***
Los rayos de sol entraban por la ventana, grande y cubierta con una cortinilla de baño por alguna mente inspirada directamente por el Gran Arquitecto como poco. Todo parecía menos horrible con la luz del día. Abri la ventana y me asome, Felipe hizo lo mismo y dijo ''Aquí lo tienes, Montmartre, el auténtico'' y de Montmartre, el auténtico, salimos camino a un Montmartre más turístico pero con el indudable sabor del París más bohemio. Doscientas escaleras nos llevaron a la basílica del Sacre Coeur -en mi opinión una maravilla arquitectónica donde las haya- y más tarde nos perdimos por sus calles en busca del cementerio de Montmartre, finalmente y hartos de buscar nos dirigimos a nuestro primer destino. Pére Lachaise.
Atravesando el umbral del famoso cementerio no por la puerta principal sino por una de las esquinas, se desplegaba ante nosotros una belleza difícil de explicar; la hermosura calmada de la muerte junto al silencio pastoso del tiempo y una mezcla de verde chispeantemente vivo en contraste a las losas grises, algunas simples y otras ricamente decoradas que pesaban sobre las vidas de aquellos que custodiaban en un desfile estático de historias no contadas. Era una mañana de cielo encapotado, del mejor gris depresivo que puede ofrecerte París y acompañando nuestro paseo, no sé si como muestra de amor o de odio, la ciudad nos regaló la lluvia como lágrimas cuando se llora por cualquier cosa que no sea tristeza, no demasiada pero suficiente para impregnarlo todo de olor a húmedad e historia.
Ahora lo recuerdo con melancólica ternura, pero en el momento protestábamos por la lluvia y por el tiempo, queríamos irnos pero por desgracia para el camello de polvo dorado yo no pensaba irme sin visitar al señor Wilde, así que dimos vueltas y vueltas buscando la división 89, justo en otro extremo del lugar por el que habíamos entrado. Tras unas dos horas de paseo perdiendonos entre las más curiosas lápidas ahí estaba, una tremenda masa de algo similar al granito pero que no lo era en la que se encontraba tallada una esfinge junto con el nombre que llevaba tiempo buscando, ''Oscar Wilde''. Me detuve y respiré, tuve que sacar bastantes fotos del momento, abrí la mochila para coger mi pintalabios rojo, uno de mis preferidos, que había viajado hasta allí exclusivamente para esto, me pinté los labios y besé la tumba, añadí lo único que podía decirle con letras rojas, ''Gracias por tus letras''.
Ignoro si Oscar sería tal y como parece ser en sus escritos y hay mucha polémica sobre la profanación del descanso del señor Wilde, sin embargo, confío en que se habría divertido de ver besos y más besos en su sepulcro. De cualquier forma, allí, sobre la ''S'' de Oscar y escrita con pintalabios rojo descansaba la frase que guardo desde entonces, la que me traje de aquel lugar, de Wilde, y de la ciudad "You inspire me".Nos alejamos comiendo minipizzas de una caja, con más hambre que respeto de ultratumba e incluso nos arriesgamos a beber agua de una fuente, después de dar bastantes vueltas, salimos del cementerio y nos sentamos en una especie de rambla-parque parisina que había justo enfrente para degustar un exquisito bocadillo de salchichón de pavo y otro de tranchetes (versión vegetariana) mientras unas palomas asesinas con los cojones como camiones nos acosaban pidiendo su ración sin echar a volar por más aspavientos que hiciéramos.
Nos habíamos levantado pronto así que cansados, emprendimos el camino de vuelta para echarnos una siesta e, importante, comprobar si nuestras maletas seguían allí, cosa de la que no estábamos para nada seguros. Nuestra ignorancia nos llevó a dar la vuelta al mundo en metro y cuando salimos a la superficie, preguntamos por nuestra querida Rue Myrha, nos preguntaron si queríamos droga, dijimos ''No, es que nuestro hotel está allí'' y acompañado por el típico dedo que oscila en la sien nos dijeron ''¿Estais locos?'' tuve ganas de contestar algo como ''No, soy así de pobre'', finalmente este simpático personaje se ofreció a acompañarnos y allí nos vimos de nuevo, aliviados por no haber sido apuñalados en tránsito y porque nuestras maletas seguían más o menos donde las dejamos nos tumbamos. Pasado un rato ideamos un plan para bajar al súper a por algo para cenar, me tocó ser la intrépida y bajé. Después de volver de la compra conocí el mejor sitio del hotel, sin dudarlo, un sótano siniestro con un microondas por el que no había pasado un pañito mojado desde la fábrica. Para sorpresa de Felipe le había conseguido pastita con queso, caliente, nos supo a gloria, más aún cuando descubrímos las galletas Fingers y los heladitos de postre. Como nos quedamos con ganas de juerga, bajé de nuevo a por una caja de Coronitas, nos vimos sin abrebotellas y decidimos pedirselo al tipo de la recepción. Lo siguiente, testimonio de mi compañero de andanzas, fue que una marujé parisienne protestó por que en ese callejón de trapicheo y prostitución teníamos la maldad y poca decencia de subir cerveza al cuarto.
Asumiendo la culpa de nuestra pequeña fechoría, brindamos por nuestro viaje y el maltrato psicológico al que nos sometía nuestro querido París y lo demás, queda para otra entrega.
(Continuará...)
31 jul 2011
París II (Spain is different)
Miércoles 15 de Junio.
· 13:30
En las manos dos maletas llenas de ilusiones en tamaño cabina, el coche de mi padre que amablemente nos había dejado en el aeropuerto se aleja. Solos ante el peligro. Pasamos el control en unos minutos, para variar Él tuvo problemas (y es que el polvo de hadas enciende las alarmas de los arcos de seguridad, y también su cinturón...) una vez zanjados y de nuevo con todas las ilusiones encima y el teléfono en las manos despidiendo a los seres amados tomamos rumbo a la cafetería, donde, ¡Bienvenido a Barajas!, puedes encontrar una pieza de fruta por el módico precio de 2,50€, ahí entre los nervios y las prisas nos esperaba el primer percance, cuando me di cuenta de que mi maleta no estaba en mi mano y mis ilusiones iban a desvanecerse bien pronto, concretamente antes de empezar. No alcanzaba a pronunciar dos palabras seguidas con el tembleque de rodillas que me invadía cuando una mujer pronunció las palabras mágicas ''¿Es esta tu maleta?''.
· 15:00
Todo lo indispensable estaba hecho, incluso no quedaban Tax Free donde no hubieramos hurgado hasta la saciedad. Unas fotos, unas llamadas, aburrimiento supino y una baraja de cartas "Made in Spain" con Manolete y toda su panda ilustrando a todo color nuestra sobremesa madrileña. Varias partidas después nos aproximamos a la cola de embarque.
· 17:00
Comenzamos a embarcar a las 16:30, veinte minutos después de lo previsto, a estas alturas el embarque ha cesado y comienzan a salir los que habían entrado. Incertidumbre da paso a un anuncio por parte de la compañía de que el vuelo ha sido cancelado por un problema técnico y despegará en un plazo de tres horas. Estupendo, tenemos más hambre que el Tamagochi de un sordo y comenzamos a deambular, pensando en como afectará a nuestra triste economía permitirnos un bocadillo.
· 19:30
Doce euros, cinco partidas de cartas, dos solitarios, varias llamadas y un poco menos de hambre después nos encontramos sentados en la cafetería del aeropuerto, mientras recojo con el dedo las migas de mi colín relleno de chorizo. Él consigue un solitario mientras yo vigilo las maletas, después nos levantamos y buscamos la puerta de embarque, lo cual no alcanza el éxito hasta un rato después, después de haber paseado por toda la terminal y de haber buscado una manera de llamar al hotel para avisar en un idioma difícil de definir que no ibamos a llegar a la hora prevista.
· 20:10
Llevamos unos minutos en la nueva cola, la gente de alrededor protesta y por lo visto los del vuelo anterior se han amotinado por las cuatro horas de retraso a sus espaldas. A nosotros por lo visto aún nos queda otra. De pronto, a nuestro alrededor todos mascan con ganas unos sandwiches procedentes de unas bolsitas que llevan todos por igual, procedentes de la cafetería donde hemos donado, interesadamente, parte de nuestro hígado y el 75% de nuestros riñones, pero claro, el contenido de la bolsita es gratis. Por amor propio y ajeno (a nuestros 12 euros) vamos a por nuestra bolsita.
· 21:00
Comienza el embarque, hay pasarela pero no avión y empezamos a sospechar que ryanair mantiene los costes bajos porque los aviones obtienen su combustible de los deshechos humanos de un pasaje elegido al azar al ser gaseados a traición en un embarque fingido.
Jueves, 16 de Junio.
· 00:15
Por fin sentados en el avión y tras las comprobacíones de turno despegamos. Un saludo, unas indicaciones, un carrito de refrescos, un catálogo de Tax Free, un carrito de regalos Tax Free, varias turbulencias, un sorteo moralizador y un aterrizaje brusco donde los haya más tarde... Estabamos en Beauvais.
· 13:30
En las manos dos maletas llenas de ilusiones en tamaño cabina, el coche de mi padre que amablemente nos había dejado en el aeropuerto se aleja. Solos ante el peligro. Pasamos el control en unos minutos, para variar Él tuvo problemas (y es que el polvo de hadas enciende las alarmas de los arcos de seguridad, y también su cinturón...) una vez zanjados y de nuevo con todas las ilusiones encima y el teléfono en las manos despidiendo a los seres amados tomamos rumbo a la cafetería, donde, ¡Bienvenido a Barajas!, puedes encontrar una pieza de fruta por el módico precio de 2,50€, ahí entre los nervios y las prisas nos esperaba el primer percance, cuando me di cuenta de que mi maleta no estaba en mi mano y mis ilusiones iban a desvanecerse bien pronto, concretamente antes de empezar. No alcanzaba a pronunciar dos palabras seguidas con el tembleque de rodillas que me invadía cuando una mujer pronunció las palabras mágicas ''¿Es esta tu maleta?''.
· 15:00
Todo lo indispensable estaba hecho, incluso no quedaban Tax Free donde no hubieramos hurgado hasta la saciedad. Unas fotos, unas llamadas, aburrimiento supino y una baraja de cartas "Made in Spain" con Manolete y toda su panda ilustrando a todo color nuestra sobremesa madrileña. Varias partidas después nos aproximamos a la cola de embarque.
· 17:00
Comenzamos a embarcar a las 16:30, veinte minutos después de lo previsto, a estas alturas el embarque ha cesado y comienzan a salir los que habían entrado. Incertidumbre da paso a un anuncio por parte de la compañía de que el vuelo ha sido cancelado por un problema técnico y despegará en un plazo de tres horas. Estupendo, tenemos más hambre que el Tamagochi de un sordo y comenzamos a deambular, pensando en como afectará a nuestra triste economía permitirnos un bocadillo.
· 19:30
Doce euros, cinco partidas de cartas, dos solitarios, varias llamadas y un poco menos de hambre después nos encontramos sentados en la cafetería del aeropuerto, mientras recojo con el dedo las migas de mi colín relleno de chorizo. Él consigue un solitario mientras yo vigilo las maletas, después nos levantamos y buscamos la puerta de embarque, lo cual no alcanza el éxito hasta un rato después, después de haber paseado por toda la terminal y de haber buscado una manera de llamar al hotel para avisar en un idioma difícil de definir que no ibamos a llegar a la hora prevista.
· 20:10
Llevamos unos minutos en la nueva cola, la gente de alrededor protesta y por lo visto los del vuelo anterior se han amotinado por las cuatro horas de retraso a sus espaldas. A nosotros por lo visto aún nos queda otra. De pronto, a nuestro alrededor todos mascan con ganas unos sandwiches procedentes de unas bolsitas que llevan todos por igual, procedentes de la cafetería donde hemos donado, interesadamente, parte de nuestro hígado y el 75% de nuestros riñones, pero claro, el contenido de la bolsita es gratis. Por amor propio y ajeno (a nuestros 12 euros) vamos a por nuestra bolsita.
· 21:00
Comienza el embarque, hay pasarela pero no avión y empezamos a sospechar que ryanair mantiene los costes bajos porque los aviones obtienen su combustible de los deshechos humanos de un pasaje elegido al azar al ser gaseados a traición en un embarque fingido.
Jueves, 16 de Junio.
· 00:15
Por fin sentados en el avión y tras las comprobacíones de turno despegamos. Un saludo, unas indicaciones, un carrito de refrescos, un catálogo de Tax Free, un carrito de regalos Tax Free, varias turbulencias, un sorteo moralizador y un aterrizaje brusco donde los haya más tarde... Estabamos en Beauvais.
(Continuará...)
París I (A kind of magic)
Primera mañana de Abril de 2011, a horas de lágrimas de una ruptura que no se han dedicado al estudio del exámen al que acabo de faltar, a miles de kilómetros de la última ciudad que me permitió olvidarle. Remoloneo en la web en busca de una mágica solución que me saque de mi idilio temporal y secreto con el dramatismo más patético y de pronto ahí suena, el revoloteo de las alas de Campanilla que me anuncia su llegada;
Entre tanto, mi portador de la bolsita de polvo de hadas me habla de su estancia en París cuando era más jóven, que no más pequeño porque él no sabe ser así. París... Las letras azules de Ryanair me llaman con su fondo amarillo chillón, clico y ocho letras me prometen un sueño que aún no imaginaba; PARIS (BVA) 19,99€ i/v.
- ¡Tío, mira, París a veinte pavos, una semana!
Felipe dice:
- ¿Y los exámenes? Somos unos gordos...
Liz dice:
- Es en Junio... ¿Nos vamos de locura?
Felipe dice:
- La palabra ''selectividad''... ¿No te dice nada?
Liz dice:
- Sabes tan bien como yo que no vamos a ir...
Felipe dice:
- Además, una semana ¿con qué dinero?
Liz dice:
- Ida y vuelta, dormir en la calle es muy bohemio xD.
Felipe dice:
- Que no me líes...
Liz dice:
- No me hace falta... Venga, ¡es París! Felipe dice:
- A ver... ¿A cuanto sale?
Liz dice:
- Espera que lo miro.
Clic a clic, las tasas, impuestos, impuestos por pagos con tarjeta y demás van terminando con nuestra loca idea, finalmente, los veinte euros se colocan en ciento diez. Por mi mente cruza una idea tan loca como improbable.
Liz dice:
- Regálamelo por mi cumple.
Felipe dice:
- Venga, dale.
Y más o menos con esas palabras comenzó nuestro viaje a la ciudad de los aros de humo...
Felipe
acaba de iniciar sesión.
Mi ratón se dirige con prisa a la ventana emergente, nos dedicamos las frases típicas de los últimos meses, a saber ''Así que ¿tu tampoco has ido no?'', ''¿Y el exámen? Otra para el saco...'', ''Si es que somos unos gordos...''.acaba de iniciar sesión.
No presto mayor atención a la conversación de cada mañana que continúa entre los recuerdos de mi última relación y los de mi última escala en el aeropuerto de Schiphol, Amsterdam, lo caro que es allí el chocolate y nuestros deseos de coger un pellizquito de billetes e irnos a la ciudad en la que el sudor se alquila por horas a pie de calle y a golpe de escaparate, a pillarnos la fumada padre y olvidarnos de nuestros nombres, de su nombre.
Abro una nueva ventana en mi explorador, tecleo ''ryanair'' en mi buscador y dejo que mis ojos sueñen con viajes imposibles. Amsterdam es el primer destino, no pinta mal, un poco caro, investiguemos un poco más. Roma, no, no puedo ir a Roma antes que a Grecia, es una ley no escrita, mejor pasamos a otra.Entre tanto, mi portador de la bolsita de polvo de hadas me habla de su estancia en París cuando era más jóven, que no más pequeño porque él no sabe ser así. París... Las letras azules de Ryanair me llaman con su fondo amarillo chillón, clico y ocho letras me prometen un sueño que aún no imaginaba; PARIS (BVA) 19,99€ i/v.
Empieza la conversación.
Liz dice: - ¡Tío, mira, París a veinte pavos, una semana!
Felipe dice:
- ¿Y los exámenes? Somos unos gordos...
Liz dice:
- Es en Junio... ¿Nos vamos de locura?
Felipe dice:
- La palabra ''selectividad''... ¿No te dice nada?
Liz dice:
- Sabes tan bien como yo que no vamos a ir...
Felipe dice:
- Además, una semana ¿con qué dinero?
Liz dice:
- Ida y vuelta, dormir en la calle es muy bohemio xD.
Felipe dice:
- Que no me líes...
Liz dice:
- No me hace falta... Venga, ¡es París!
- A ver... ¿A cuanto sale?
Liz dice:
- Espera que lo miro.
Clic a clic, las tasas, impuestos, impuestos por pagos con tarjeta y demás van terminando con nuestra loca idea, finalmente, los veinte euros se colocan en ciento diez. Por mi mente cruza una idea tan loca como improbable.
Liz dice:
- Regálamelo por mi cumple.
Felipe dice:
- Venga, dale.
Y más o menos con esas palabras comenzó nuestro viaje a la ciudad de los aros de humo...
(Continuará...)
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